Los domingos por la tarde se enfada con el mundo. Se va de casa dando un portazo y se promete no regresar. Un bosque enorme al pie de las montañas sería ideal, el Amazonas, el Circulo polar ártico o incluso el desierto del Sáhara.
Sabe que irá a todos esos sitios antes de morir, así que el orden tampoco le importa. Se mete el dedo en la boca, luego lo saca para ver en que sentido va el viento y se larga con él a donde sea.
Los lunes de madrugada está delante de la puerta de su casa llamando al timbre en código morse, solo tiene ganas de que mamá le diga lo mucho que la quiere, le de un montón de besos en la frente y después de ayudarla a bañarse, la acueste en su camita de 90 que tiene sábanas limpias de algodón, mientras le susurra al oido que no pasa nada y le retira con cuidado el pelo de la cara para que se duerma.
Sabe que irá a todos esos sitios antes de morir, así que el orden tampoco le importa. Se mete el dedo en la boca, luego lo saca para ver en que sentido va el viento y se larga con él a donde sea.
Los lunes de madrugada está delante de la puerta de su casa llamando al timbre en código morse, solo tiene ganas de que mamá le diga lo mucho que la quiere, le de un montón de besos en la frente y después de ayudarla a bañarse, la acueste en su camita de 90 que tiene sábanas limpias de algodón, mientras le susurra al oido que no pasa nada y le retira con cuidado el pelo de la cara para que se duerma.
- ¿Vas a estar siempre a mi lado, verdad mamá?
- Sí, mi pequeña, no voy a dejar que estés sola jamás. Lo prometo.
Después de esa promesa, ella se duerme, pero mamá permanece a su lado y aunque no la oye le dice:
- Es curioso, pequeña, todos somos muy valientes para irnos, pero al final todos acabamos regresando. Nadie es tan valiente como para amar la soledad mucho tiempo seguido, es demasiado fria.
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